En pequeñas dosis, el consumo de alcohol reduce el riesgo de enfermedad cardiaca coronaria, aunque todavía se discute la dimensión exacta de la reducción del riesgo y el nivel de consumo alcohólico en el que aparece la máxima reducción. Los estudios más rigurosos, que contemplan otros factores, encuentran una menor reducción del riesgo que los estudios de peor calidad e indican que dicha reducción del riesgo sobreviene a un nivel de consumo inferior. La mayor parte de la reducción del riesgo puede conseguirse con un consumo medio de 10 g de alcohol, una bebida estándar; por ejemplo un vaso de vino por día. Por encima de los 20 g de alcohol (dos consumiciones) al día – el nivel de consumo asociado al riesgo más bajo- aumenta el riesgo de enfermedad coronaria. A edades muy avanzadas, la reducción del riesgo es menor. La reducción del riesgo coronario debe atribuirse principalmente al propio alcohol más que a un tipo específico de bebida. Existe cierta evidencia de que una baja dosis de alcohol puede reducir el riesgo de la demencia de origen vascular, la litiasis biliar y la diabetes, aunque estos hallazgos no son consistentes entre estudios.
El alcohol no es exactamente un alimento y consumirlo en exceso genera un problema para el equilibrio alimentario que interfiere en la absorción y metabolismo nutricional. Lo más deseable sería beber con mucha moderación, considerándose una recomendación saludable no sobrepasar los 40 ml (30 g) de alcohol diariamente, en el caso del hombre, reduciéndose esta cantidad a 27 ml para la mujer. La alcoholemia suele alcanzar su punto máximo una hora después de haber tomado la última copa, para ir descendiendo paulatinamente a un ritmo de 0,2 gramos por hora, aproximadamente. El alcoholímetro es 99.9% seguro. Cuando un conductor acaba de tomar la última copa, se tiene que esperar por lo menos de 15 a 20 minutos para realizar la prueba ya que de lo contrario, el alcoholímetro marcará mucho más de lo permitido por la norma debido a que se estará registrando el alcohol que se tiene en la boca y no en la sangre. La clave es beber con moderación, escuchando a tu cuerpo y respetando tus tiempos de metabolización. Que el alcohol sea un acompañante esporádico en tus festejos, reuniones o en tus momentos de distracción, miles de años de evolución han logrado las variables que existen actualmente, un extenso mundo de aromas, texturas, sabores, graduaciones y presentaciones.
Beber con moderación y con el objetivo de degustar y no que el exceso afecte a nuestra percepción. Un cóctel, una copa de vino, un chupito de licor, cerveza, etc, en cualquiera de sus variantes el alcohol tiene que ser adecuadamente asimilado por nuestro hígado... el alcohol nace desde los comienzos de la humanidad como una fermentación natural y se estructura culturalmente con fuertes raíces en occidente, es el acompañante de grandes festejos, de reuniones de amigos, de romances... pero su exceso es el causante de graves daños irreversibles para nuestro cuerpo por enfermedades o accidentes. Nuestra responsabilidad como consumidores es entender el alcohol y sus efectos, el placer de una copa de vino, la cata de un cóctel equilibrado (gusto, aroma, textura, visual), la hermosura de las burbujas del champagne entre muchas formas más de presentarse, hace del alcohol un componente seductor al que hay que tratarlo con muchísimo respeto. Si por algún motivo deja de ser un acompañamiento circunstancial para convertirse en la única manera que tienes de disfrutar de la compañía o de sentirte a gusto contigo mismo... es momento de pedir ayuda. En esta sección te contaremos su historia, sus efectos y diferentes indicadores para que ganes en conocimientos y puedas disfrutar del alcohol sin peligros para ti, ni para terceros.
Ya se sabe por pinturas rupestres que se recogía miel y que se almacenaba. Por tanto se puede suponer que en un momento determinado esta miel fermentó y que alguien la probó y le gustó. Suponemos que la miel fermentada resultaría más agradable al paladar si se le añadía agua. Cuatro mil años A.C. se cita la cerveza en un texto egipcio, se tomaba con cañas ya que no se filtraba y contenía granos de la fermentación, flotando en su superficie. En la Biblia, las menciones al alcohol son abundantes. Tres mil años A.C. primero los griegos y después los Romanos, ya conocían el cultivo y recolección de la vid. En el Código Hammurabi, se habla de las bebidas embriagantes, de las tabernas y de lo que ocurre en su interior. Los propietarios y vendedores eran mujeres. Los árabes en el año 800 d.de J.C descubren la destilación del vino y obtienen bebidas de más alto contenido en alcohol. Recordemos que las palabras alambique y alcohol, son de origen árabe. En España es Ramón Llull (1233-1315) el primero que describe el proceso de la destilación del alcohol. No hay que olvidar que en el siglo VII Mahoma prohibió a sus discípulos el consumo del vino. En la Edad Media el vino está en poder de la Iglesia y sólo los obispos y los monasterios son los que controlan el vino. En el siglo XIV el alcohol es una sustancia importante, se usa como disolvente en la preparación de perfumes, es un medicamento, tiene un uso religioso, produce dinero, etc. Desde el momento en que se descubren los destilados y su capacidad de ser trasladados de un lugar a otro, a diferentes temperaturas, con abundantes trasiegos, el alcohol se encuentra en cualquier sitio y es asequible a toda la sociedad, ya que comienza su comercialización. Cuando Colón llegó a América, en su tercer viaje, en 1498 le fue ofrecido para beber chicha, que es una cerveza de maíz.
Hasta el año 1857 no se descubre la fermentación, fue Pasteur quien descubrió los microorganismos. En 1918 se prohíbe en EEUU el consumo y la venta de alcohol con más de un 0´5% de alcohol. Esta ley fue denegada en 1933. En el siglo XIX se produce un incremento notable del consumo de alcohol debido fundamentalmente a la mejora en la comercialización del alcohol y a la revolución industrial. Actualmente el alcohol está presente en todo el mundo, en múltiples presentaciones asociándose a cada cultura. Su desafió actual está en la educación de su consumo, en una sociedad que pueda utilizarlo en armonía.
Por consenso se ha decidido que los consumos superiores a 2-3 (cervezas /333ml/ o vasos de vino /100ml/) o más de 1 coctel al día se consideran de riesgo. Ahora bien, estos límites hay que adaptarlos a cada individuo. Los adolescentes no deberían de beber alcohol por el riesgo para su desarrollo neuropsicológico, los sujetos con enfermedades neurológicas (epilepsia) tampoco deberían consumir alcohol y las mujeres embarazadas no deben probar el alcohol para evitar el denominado síndrome alcohólico fetal. El alcohol se metaboliza en nuestro hígado y la capacidad de metabolizar esta sustancia varía de unas personas a otras. Por ejemplo, las mujeres metabolizan el alcohol de forma más lenta que los hombres. Las personas con problemas hepáticos también tienen más dificultad para metabolizarlo.
El exceso de alcohol es responsable de muchos problemas de salud porque solo se pueden metabolizar unos 7g de alcohol a la hora. Cuando se supera esta cantidad, se queda en la sangre aumentando la tasa de alcoholemia, que si supera los 0,8 g/L, aparece confusión visual y falsa apreciación de las distancias y velocidades. Por encima de 1,5 g/L, aparece visión doble y trastornos de la coordinación de movimientos y equilibrio. Más de 3 g/L provoca embriaguez y con niveles de 4 g/L o más puede sobrevenir el coma etílico. La tasa de alcoholemia de una persona se calcula mediante la fórmula de Widmark: Alcohol puro (en gramos): Peso (kg) x 0,6 para la mujer. Peso (kg) x 0,7 para el hombre.
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